
El 8 de septiembre la Iglesia Católica recuerda el nacimiento de María de Nazareth. Sí, el nacimiento de la mismísima proclamada Virgen María Madre de Dios.
La esposa de José, ha sido constantemente utilizada por otras confesiones cristianas, como arma arrojadiza para fustigar a la Curia Romana acusándoles de paganos por adorarla. Asimismo, ha sido relegada por ellas de tal manera al olvido,que hasta resulta ofensivo.
Al fin de cuentas, estamos hablando de la Madre del Maestro. ¿Acaso, a usted le gustaría que le ninguneen a la suya?. Y todo ello, para marcar diferencias entre las iglesias.
Este olvido es tan injusto como falaz la acusación. Más aún, cuando es la misma Iglesia Católica la que se levanta a orientar a quienes se olvidan del verdadero Dios. O bien, martirizan su carne una vez al año, en circunstancias que Jesús vino a pedirnos sacrificios verdaderos del espíritu.O quienes, cuelgan rosarios y
estampitas cual si fueran amuletos, en vez de recordatorios de quienes somos y en que creemos.
El amor del católico por la Santísima Madre surge de la razonable venerac ión a aquella mujer que de entre todos los pueblos y entre todos los tiempos, Dios escogió para bendecir con tan grandísima gracia. Ser la Madre de Jesús.
Imaginemos aquella adolescente, que entregada en matrimonio a un carpintero descendiente de la tribu de David, enfrentaría una encrucijada desesperante para cualquiera otra mujer de su tiempo (o incluso en nuestros liberales tiempos), como sería estar embarazada cuando aún no se consumaba su matrimonio.Entonces: el deshonor, la muerte.
Sin embargo María, aceptó humildemente sin detenerse a consideraciones prácticas, que tan justificables resultarían ante tamaña disyuntiva. Sin temores,la joven se proclamó “esclava del Señor” y confió. No hay Fe más grande que esa.
Imagínese si usted ama a Cristo, promueve su nombre y el seguimiento de sus enseñanzas, cómo no reconocer a quien, para empezar, fue su Madre
Pero además, María no se conformó con ser un mero vehículo para encarnar a Jesús. Su compromiso es tan relevante como inimaginable en un mundo de hombres, donde las mujeres eran discriminadas en todo el orden social, e incluso estaban alejadas sistemáticamente del culto.
María es la primera discípula de Jesús, la misma que estuvo en su primer
milagro y lo acompañaría hasta el pie de la Cruz.
La madre que no fue al sepulcro puesto que confiaba en la resurrección del Cristo.
La mujer que Jesús nos dejó como madre y nos encargó que la cuidásemos en la figura del discípulo preferido, en sus últimos momentos de vida colgado de una cruz.
María, es quien estuvo presente el día de pentecostés mientas el Espíritu Santo se esparcía entre los discípulos.
Esa es María, a quien la tradición católica ha honrado y elevado a los altares de devoción desde la iglesia primitiva. Aquella que ascendió en cuerpo y alma al cielo.
Entonces, Feliz cumpleaños a nuestra queridísima madre. María, la madre que nos lleva al hijo. Quien nos dice “hagan lo que Jesús les diga”.


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